carnaval tradicional de castrillo de la vega

El caballo.-El mozo se colocaba una collera de las mulas en torno a la cadera; la sujetaba con cuerdas o correas a los hombros y cuando corría la tenia que sostener además con las manos. La parte superior de la collera hacía de cabeza y en etlla se ponían las orejas, hechas con plumas de gallo y en "el cuello" se colocaba uri cencerro. La parte inferior de la collera que iba abierta, hacía de grupa y en ella se ponía el rabo, hecho también con plumas de gallo, más largas y vistosas que las primeras.

Soldados.-Los mozos que habían terminado el servicio militar el año anterior, en lugar de vestirse de mamarrachos, salían con el uniforme que se habian traído, al que añadían la obligatoria careta.

Eran bastantes los que todos los años se disfrazaban de mujer: con ropas en desuso confeccionaban grotescos vestidos femeninos. a los que añadían alguna prenda cedida por la novia o hermanas o robada en algún descuido. También eran muchas las mozas que se vestian con traje masculino, así como algunas señoras mayores, que eran las más atrevidas y camorristas.

Mamarracho

Algunos pocos mamarachos, dos o tres, se colocaban un saco en cada Pierna, lo llenaban de paja y lo ataban a la cintura. Como apenas podían caminar se ayudaban de un largo palo para apoyarse y alejar a los chiquillos que los empujaban para hacerlos caer. Otros, los carpinteros, se paseaban sobre zancos de madera de roble que ellos mismos hacían en el taller.

Había, naturalmente, cada año un buen número de disfraces y vestimentas que no respondían a ninguna tradición, sino que eran invención particular y con los cuales se pretendía llamar la atención y mostrar el propio ingenio y contribuir a la diversión general. Entre los que conocemos, vamos a hablar de dos ejemplos que tienen algo en común: ser disfraces vegetales. Uno de ellos consistia en atar alrededor del cuerpo, sobre el saco, gran cantidad de ramas de zarza, formando una especie de zarza andante que se abrazaba a cuantos se le acercaban. El otro era un perico de paja de centeno que, colocado sobre la cabeza, le llegaba hasta la cintura; el disfraz terminó en humo y los pelos del mamarracho chamuscados.

Las sustancias que arrojaban eran ceniza, paja, pimentón y agua. Las tres primeras las llevaban en la cebadera y las arrojaban con la mano, aunque en ocasiones usaban fuelles para la ceniza. Para arrojar el agua se utilizaba un instrumento conocido como lavativa. Lo hacían ellos mismos ahuecando una rama de sauce, excepto en uno de los extremos en que unicamente se practicaba un estrecho conducto con una barrenilla, por donde salia el agua a presión, originada por un palo que hacia de pistón. Una vez lleno el tubo de agua, se ajustaba dicho pistón y con ambas manos se presionaba contra el abdomen, de forma que el agua salia con gran fuerza hacia los balcones donde estaban las mujeres que no se atrevian a exponerse a las libertades callejeras de esos dias. Algunos no se contentaban con hacer lavativas de madera, sino que usaban como tales los cañoncitos de hierro con los que se tiraba a los nublados en verano.

Pues bien, mediada la tarde del Domingo Gordo, las pandas se reunian en los lagares (cada una tenia el suyo, donde los dias festivos merendaban) y mientras se vestian, merendaban bacalao seco y vino, en generosas cantidades.

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