
Durante el resto de la tarde recorrían las calles manchando o golpeando a quienes encontrasen, rodeados por una nube de chiquillos que los insultaban y empujaban, tratando de tirarlos al suelo. Si encontraban alguna casa abierta por descuido ,entraban a perseguir a las chicas y ensuciaban todo. Este dia no se solían cometer burradas que sí abundaban el martes siguiente.
Al anochecer aparecian los músicos por la plaza (un redoblante y dos gaitas, normalmente; cuatro o cinco años antes de la guerra civil se sustituyeron por un organillo, porque había problemas para conseguir gaiteros, al coincidir las fiestas en todos los pueblos), y los primeros eran la señal para que cesase la actividad de los mamarrachos y todo el pueblo acudía al baile que duraba unas dos horas. Cuando finalizaba, las pandas de mozos merendaban en los lagares el guiso de cordero que les habían preparado los carniceros. Posteriormente se sustituyó este guiso tradicional por las chuletas que se asaban directamente en los lagares.
El Lunes de Carnaval era día laborable, aunque la mayoría sólo trabajaba hasta media tarde. Los chicos no tenian escuela el lunes ni el martes y eran los únicos que se disfrazaban, junto a algunos mozalbetes.
MARTES DE CARNAVAL
- Montar una barberia en plena calle, con una silla rota, con una escoba como brocha y una hoz como navaja. Con estos instrumentosafeitaba a los que se prestaban a ello, que no faltaban.
Como puede verse por estos ejemplos eran ocurrencias más o menos repentinas y muy simples. La mayoría de las personas toleraba estas y otras bromas más o menos pesadas con buen humor, aunque nunca faltaban las peleas. 0riginadas quizás por el exceso de vino más que por otra cosa.
Los quintos sacaban, únicamente esta tarde la vaquilla, que habian construido con dos palos largos que terminaban en cuernos y dos travesaños que unían los largueros. Del travesaño posterior colgaba un cencerro que avisaba de su llegada. Uno de los quintos se colocaba este armazón sobre los hombros, lo sujetaba con las manos y se cubría con una manta o saco, dejando un espacio para ver.